Archivos de la categoría ‘Curiosidades durante la Guerra Fría’

 

Los capitanes de ambas selecciones alemanas antes de disputar el encuentro en el mundial de 1974.

El Futbol a la sombra del Muro. Cuando conversamos sobre la Guerra Fría no debemos olvidar la situación de Alemania durante aquella,  luego de la debacle en la Segunda Guerra Mundial, sus opciones políticas se redujeron a tener que alinearse con una de las dos superpotencias (la extinta URSS o Estados Unidos), generando dramáticos y curiosos momentos, por ejemplo el siguiente denominado por algunos como el encuentro de futbol más morboso, y que se relata con el título “El futbol a la sombra del Muro”  del diario Marca de España. En las siguientes líneas,  Quique Peinado, escribe entre otras curiosidades,  cuál era la forma en que se desarrollaba la liga de futbol de la RDA (la extinta Oberliga, equivalente de la actual Bundesliga, sí, esa donde juega el Bayern) y sus inauditos casos de corrupción donde un equipo resultó “imbatible octocampeón”, así como el celebre enfrentamiento entre Alemania (RDA) vs Alemania(RFA) en el mundial de de futbol de 1974, encuentro que representaba para algunos la confrontación entre el comunismo y el capitalismo en una cancha de fútbol. ¿Adivinan quién ganó?

A Manfred Ewald, el ideólogo de la maquinaria deportiva de la República Democrática Alemana (RDA), no le gustaba el fútbol. Consideraba que era un deporte en el que sus teorías no daban resultados inmediatos. El fútbol no era dos más dos igual a cuatro. Un deporte colectivo, con alma, abierto a la interpretación, no cuadraba con las rigidez burócrata del Partido Comunista de la RDA.

Sin embargo, el futbol era el deporte del pueblo. En cada campo de la Oberliga (la competición creada por el ‘establishment’ político en la RDA) había más de 10.000 personas, a pesar de que a muchos les habían arrancado a su equipo del alma dejándolo al otro lado del Muro. El Dynamo de Dresden-Bayern de Múnich de 1973 lo vieron por televisión el 58,4% de los alemanes. El encuentro de selecciones entre las dos Alemanias en el Mundial de 1974, un 70,7%. Había dos periódicos diarios dedicados únicamente al fútbol. Ni el gobierno más controlador de la historia podía parar el entusiasmo de su gente. Como todo régimen totalitario, se acercó al fútbol, aunque fuera a veces contra su voluntad.

La RDA logró 409 medallas en los cincos Juegos Olímpicos en los que participó. Por comparar, España tiene 113 en 20 apariciones. Sólo la Unión Soviética y los Estados Unidos la superan en promedio de medallas por JJ.OO. (81,8). El fútbol, que logró tres, no podía ser una prioridad para el Politburo, pero lo era por el entusiasmo de la gente. Y por la sombra del tipo más oscuro del país: Erich Mielke.

El control de la Stasi

El temido jefe de la Stasi, los servicios secretos de la Alemania Oriental, era un fanático del fútbol. Como director de los Dynamo, los clubes deportivos ligados a las fuerzas de seguridad y al Ministerio de Interior, Mielke hizo trasladar en los 50 al equipo del Dynamo de Dresden a Berlín (haciendo nacer su ‘ojito derecho’, el Dynamo de Berlín), aun a costa de arruinarle la vida a los jugadores: los separaron de sus familias y les hicieron vivir en hostales.

Desde 1979 a 1988 el Dynamo de Berlín ganó la competición llenándola de sospechas

Mielke controló la Oberliga a su antojo. Desde 1979 a 1988 el Dynamo de Berlín ganó la competición llenándola de sospechas. Se comprobó que al menos tres árbitros eran espías a sueldo de la Stasi, ‘empleados’ de Mielke, así como muchos jugadores, uno de ellos la estrella Ulf Kirsten. Era más que común que jugadores que a la jornada siguiente jugaban contra el Dynamo fueran expulsados. Es famoso el penalti pitado en el minuto 95 del último partido del Dynamo en la Oberliga de 1986, contra el Lokomotiv Leizpig, que le dio el título. O cuando el Dynamo de Dresden celebraba en 1978 en el vestuario su título de liga y Mielke entró para anunciarles que, desde entonces, iba a ganar el Dynamo de Berlín. Se llevó los siguientes 10 títulos.

El estadio del Dynamo, muy cercano al Muro, sólo se llenaba a la mitad, la más lejana a la pared de la vergüenza. En la otra mitad, policías y militares vigilaban que nadie se escapase. Y cuando un equipo de la RDA jugaba contra equipos extranjeros, el gobierno repartía directamente las entradas a miembros del partido o personas de confianza, aunque muchos de ellos las vendían luego en el mercado negro.

Pero el manejo de la competición por Mielke no era el asunto más grave. Aparte de que el fútbol escapaba al control del estatismo comunista (los jugadores cobraban por encima del sueldo que tenían asignado, recibían prebendas de empresas que financiaban los equipos, a veces tan altas que, para no levantar sospechas, no las ingresaban en el banco, controlado por el Estado), la deserción era especialmente castigada. Mielke odiaba a los traidores, pero a los futbolistas más.

En 1979, Lutz Eigendorf, el ‘Beckenbauer del Este’, desertaba en un amistoso de su equipo, el Dynamo, contra el Kaiserslauten. Un documental sobre su vida revelaba que Mielke mandó a 50 espías al Oeste para controlar su vida, y en 1983 fallecía víctima de un sospechoso accidente de tráfico en una recta de una carretera despejada.

Dos años después, tres jugadores del Dynamo de Dresden fueron encarcelados al sospecharse que iban a huir en un partido de la selección nacional en Argentina. Uno pasó varios meses en la cárcel (y terminó desertando ocho años después) y los otros dos nunca volvieron a jugar al fútbol.

Una puerta al mundo

Los clubes de la Oberliga tuvieron durante mucho tiempo vetada su participación en las competiciones europeas por la prohibición de su propio gobierno de visitar países capitalistas, pero ésta se levantó y en los 70 (coincidiendo con el documentado programa de dopaje de los deportistas englobados en el grupo de deportes 1, entre los que se encontraba el fútbol) hubo algunos éxitos europeos. El Magdeburgo le ganó la Recopa de 1974 al Milan, y en 1987 el Lokomotiv de Leizpig perdió la final de la UEFA contra el Ajax.

La selección nacional fue campeona olímpica de Montreal en 1976 (3 a 1 contra Polonia), y sus equipos de categorías inferiores eran competentes. Otra cosa era la selección nacional, que sólo se clasificó para un Mundial. El de 1974. Sí, en la República Federal Alemana.

El gol de Sparwasser a la RFA fue el mayor triunfo que podían imaginar los jefes comunistas en plena Guerra Fría

En Hamburgo, un 22 de junio, se produjo el único enfrentamiento entre las dos Alemanias en un campo de fútbol. Los glamourosos Vogts, Breitner, Beckenbauer o Muller, dirigidos por Helmut Schon (un desertor de la RDA que habitualmente compraba entradas y las repartía entre los aficionados del otro lado del Muro), caían por 1-0 contra los parias de la Alemania Oriental. El gol de Jurgen Sparwasser, el delantero del Magdeburgo que también acabaría desertando a finales de los 80, fue el mayor triunfo que podían imaginar los jerifaltes comunistas en plena Guerra Fría. Cuando el pase de Erich Hamann volaba desde la banda derecha y el número 14 la controlaba entre tres defensores alemanes para fusilar a Sepp Maier, los miembros del Politburo presentes en el estadio se levantaron, aunque su desconocimiento del juego era exagerado. Era la victoria del comunismo contra el capitalismo encerrada en un balón de cuero.

La Oberliga aguantó dos años tras la caída del Muro, hasta 1991, y sus equipos han vagado por las divisiones inferiores de la Alemania unida con esporádicas apariciones en la Bundesliga. Hoy, el Hansa Rostock, el Union de Berlín y el Energie Cottbus (el equipo de la canciller Angela Merkel) llevan la bandera de la extinta RDA en la Bundesliga 2, y el resto pena en divisiones inferiores y hasta regionales. Algunos jugadores de aquella Alemania que cayó felizmente hace 20 años llevaron y llevan su juego por toda Europa: Matthias Sammer, Michael Ballack, Jens Jeremies o Andrean Thom se criaron en el Este.

Pero de aquello no queda más que el recuerdo. Nostálgico para algunos, odioso para la mayoría. Hoy, el Dynamo de Berlín (que recuperó su nombre comunista a petición de sus aficionados), es el club más identificado con la extrema derecha. Su escasa afición, formada mayoritariamente por descendientes de dirigentes de la RDA, está poblada de skinheads y demás calaña. Este verano saltaba el escándalo de que el club había ofrecido pases VIP a los miembros del NDP, el Partido Nacionalsocialista Alemán. El mundo ha cambiado desde que cayó el Muro, pero no siempre para bien.

Anuncios